La comida como premio: un hábito que aprendemos desde chicos

    Una adulta ofrece un helado a una niña como premio en la cocina de su casa

    "Si te portás bien, te compro un helado."

    "Si aprobás el examen, salimos a comer."

    "Te merecés algo rico después del día que tuviste."

    Son frases tan comunes que muchas veces pasan desapercibidas.

    Sin embargo, detrás de ellas puede esconderse un aprendizaje que acompaña a muchas personas durante años: utilizar la comida como recompensa.

    La mayoría de las veces esto ocurre de forma natural, sin malas intenciones y dentro de situaciones cotidianas. El problema no es celebrar ocasionalmente con una comida ni disfrutar de un alimento que nos gusta.

    La cuestión aparece cuando la comida se convierte en una de las principales formas de premiarnos, consolarnos o reconocer nuestros logros.

    ¿Qué significa usar la comida como premio?

    Utilizar la comida como premio implica asociar determinados alimentos con una recompensa.

    Por ejemplo:

    • Comer algo rico después de una semana difícil.
    • Comprar una golosina como reconocimiento por un esfuerzo realizado.
    • Premiar a un niño con un postre por haberse comportado bien.
    • Celebrar cualquier logro exclusivamente a través de la comida.

    Con el tiempo, estas experiencias pueden generar asociaciones muy fuertes.

    La persona aprende que ciertos alimentos no solamente sirven para alimentarse.

    También sirven para celebrar, recompensar o sentirse mejor.

    Un aprendizaje que suele comenzar en la infancia

    Muchas personas recuerdan situaciones parecidas:

    • "Si terminás la tarea, hay postre."
    • "Si te vacunás sin llorar, te compro un chocolate."
    • "Si te portás bien, vamos a comer algo que te guste."

    Estas estrategias suelen utilizarse con buenas intenciones.

    Los padres buscan motivar, reconocer esfuerzos o generar experiencias agradables.

    Sin embargo, algunos investigadores han señalado que el uso frecuente de alimentos como recompensa podría influir en la manera en que los niños se relacionan con determinados alimentos a largo plazo.

    No significa que un helado después de una buena nota vaya a generar un problema.

    La conducta humana es mucho más compleja.

    Pero sí puede contribuir a que ciertos alimentos adquieran un valor emocional especial.

    Cuando la comida empieza a representar algo más

    Con el paso del tiempo, algunas personas mantienen estas asociaciones sin darse cuenta. Entonces aparecen pensamientos como:

    • "Trabajé mucho hoy. Me merezco pedir algo."
    • "Fue una semana difícil. Voy a premiarme."
    • "Logré mi objetivo. Tengo que festejar comiendo."

    La comida deja de ser únicamente una fuente de energía o placer gastronómico.

    Empieza a cumplir una función simbólica.

    Se transforma en una forma de reconocimiento.

    ¿Es un problema premiarse con comida?

    No necesariamente.

    Es importante evitar los extremos.

    Comer algo que disfrutamos para celebrar una ocasión especial no constituye un problema psicológico.

    Tampoco existe evidencia de que una persona desarrolle dificultades alimentarias simplemente porque alguna vez utilizó comida como recompensa.

    La cuestión es diferente cuando la comida se convierte en la principal o única manera de premiarse.

    En esos casos, la persona puede perder oportunidades de desarrollar otras formas de autocuidado y reconocimiento.

    ¿Qué otras formas de recompensa existen?

    Imaginemos dos personas que alcanzan un objetivo importante.

    La primera piensa:

    "Me voy a pedir mi comida favorita."

    La segunda piensa:

    "Voy a tomarme la tarde libre, salir a caminar y encontrarme con un amigo."

    Ninguna de las dos opciones es necesariamente mejor.

    Lo importante es que existan alternativas.

    Cuando todas las recompensas terminan pasando por la comida, la relación con ella puede volverse más compleja.

    La comida también puede aparecer después de un día difícil

    Este fenómeno no ocurre únicamente con los logros.

    A veces aparece después del cansancio, el estrés o la frustración.

    Por ejemplo:

    "Tuve un día horrible. Necesito algo rico."

    En estos casos, la comida puede funcionar como una forma rápida de obtener bienestar o alivio momentáneo.

    Esto no significa que la persona tenga un trastorno alimentario.

    Tampoco significa que toda búsqueda de confort a través de la comida sea problemática.

    Lo relevante es observar si este patrón se vuelve la estrategia predominante para gestionar determinadas emociones o situaciones.

    ¿Por qué ciertos alimentos suelen ocupar ese lugar?

    Generalmente no utilizamos brócoli como premio.

    Tampoco solemos celebrar con una ensalada.

    Los alimentos que suelen aparecer como recompensa comparten algunas características:

    • Son agradables al gusto.
    • Generan expectativas positivas.
    • Están asociados a experiencias placenteras.
    • Tienen una fuerte carga cultural y emocional.

    Muchas veces, además, fueron precisamente los alimentos utilizados como premio durante la infancia.

    Cuando el premio se vuelve automático

    Una señal interesante para observar es la automatización.

    Por ejemplo:

    • Terminar una reunión → comprar algo para comer.
    • Salir del trabajo → pasar por una cafetería.
    • Aprobar un examen → pedir comida.
    • Cobrar el sueldo → darse un gusto gastronómico.

    La persona puede no preguntarse siquiera si realmente tiene ganas o hambre.

    La secuencia simplemente ocurre.

    Y cuanto más se repite, más automática puede volverse.

    ¿Cómo saber si este patrón está presente?

    Podés hacerte algunas preguntas sencillas:

    1. ¿Qué hago cuando logro algo importante? ¿Siempre aparece la comida como forma de celebración?
    2. ¿Cómo me premio habitualmente? ¿Existen otras formas de recompensa además de comer?
    3. ¿Qué ocurre después de una semana difícil? ¿La comida suele aparecer como respuesta automática?
    4. ¿Qué aprendí sobre las recompensas cuando era chico? ¿Se utilizaban alimentos como premio con frecuencia?
    5. ¿Qué emociones aparecen cuando no puedo acceder a esa recompensa?

    Estas preguntas no buscan juzgar.

    Buscan comprender mejor la relación que cada persona tiene con la comida.

    Ampliar el repertorio de recompensas

    Una estrategia útil puede ser ampliar las formas en que nos reconocemos. Por ejemplo:

    • Descansar.
    • Escuchar música.
    • Leer.
    • Ver una película.
    • Pasar tiempo con personas significativas.
    • Realizar una actividad placentera.
    • Comprar algo que necesitamos.
    • Practicar un hobby.

    La idea no es eliminar la comida de las celebraciones.

    La idea es que no sea la única alternativa disponible.

    La comida puede seguir siendo disfrute

    A veces, cuando se habla de estos temas, aparece una preocupación: "Entonces nunca debería celebrar con comida."

    No.

    Ese no es el mensaje.

    La comida forma parte de la vida social, cultural y afectiva de las personas.

    Compartir una comida agradable puede ser una experiencia valiosa.

    El objetivo no es transformar la alimentación en algo rígido.

    Es comprender qué papel ocupa la comida dentro de nuestra vida.

    Una última reflexión

    La próxima vez que te descubras pensando:

    "Me lo merezco."

    Detenete unos segundos.

    No para prohibirte comer.

    Tampoco para convencerte de que no deberías hacerlo.

    Simplemente preguntate:

    "¿De qué otra manera podría reconocer este esfuerzo?"

    Si la respuesta sigue siendo disfrutar de una comida que te gusta, está bien.

    Pero si nunca aparecen otras alternativas, quizás valga la pena explorar nuevas formas de premiarte.

    Porque una buena relación con la comida no implica dejar de disfrutarla.

    Implica que la comida pueda ocupar su lugar sin convertirse en la única fuente de recompensa, consuelo o celebración.

    ¿Qué lugar ocupa la comida en tu vida?

    En ocasiones, la alimentación cumple funciones que van mucho más allá del hambre.

    Puede estar relacionada con hábitos, emociones, recompensas, costumbres familiares o formas de afrontar determinadas situaciones.

    Comprender estos patrones puede ser un paso importante para desarrollar una relación más flexible y consciente con la comida.

    Si sentís que la comida ocupa demasiado espacio en tu vida o que determinadas conductas se repiten automáticamente, trabajar estos aspectos desde la psicología puede ayudarte a entender qué factores están influyendo y cómo generar cambios sostenibles.

    Para seguir leyendo

    Bibliografía

    • Birch, L. L., Fisher, J. O. y Davison, K. K. (2003). Learning to overeat: Maternal use of restrictive feeding practices promotes girls' eating in the absence of hunger. American Journal of Clinical Nutrition, 78(2), 215–220.
    • Birch, L. L. y Ventura, A. K. (2009). Preventing childhood obesity: What works? International Journal of Obesity, 33(S1), S74–S81.
    • Puhl, R. M. y Schwartz, M. B. (2003). If you are good you can have a cookie: How memories of childhood food rules link to adult eating behaviors. Eating Behaviors, 4(3), 283–293.
    • Lowe, M. R. y Butryn, M. L. (2007). Hedonic hunger: A new dimension of appetite? Physiology & Behavior, 91(4), 432–439.
    • Macht, M. (2008). How emotions affect eating: A five-way model. Appetite, 50(1), 1–11.

    Artículos relacionados

    Lic. Lucas S. Olmos, psicólogo especialista en psicología del sobrepeso y psiconutrición

    Lic. Lucas Olmos – Psicólogo

    Psicólogo. MN 73210. Especializado en psicología del sobrepeso y cambio de hábitos.

    ¿Sentís que la comida está ocupando demasiado espacio en tu vida?

    La terapia psicológica puede ayudarte a comprender qué mantiene esos patrones y desarrollar estrategias para cambiarlos.

    Solicitar consulta